Una puerta hacia lo desconocido

hassha kage es la historia imaginaria de unos personajes ficticios en un mundo irreal, así que, como todas las historias, tiene un principio...

jueves 29 de julio de 2010

Campamento base (III)

Sendos pellizcos en los mofletes fueron la bienvenida que le propinó la anciana a Bungar mientras éste, estupefacto, no conseguía zafarse.
- ¡Abuela!, por lo que más quieras. Que ya soy muy mayor para estas cosas
- ¿Mayor dices? ¡Pues bien poco que lo has sido hasta ahora! ¿No te da vergüenza no haber venido a verme en todo este tiempo? - le reprendió frunciendo el ceño.
- Pero es que... - intentó justificarse Bungar - he estado lejos, ocupado en algunos asuntos...
- Escusas, siempre escusas. Seguro que has estado de parranda con tus amiguetes y ni siquiera te has preocupado por esta pobre vieja.

- ¡Ja ja ja! - estalló en carcajadas Tokei cuando ya no pudo aguantar más. Jamás hubiese imaginado que un tipo tan imponente como Bungar podría encogerse de aquella forma ante la reprimenda de una anciana.
La mirada de soslayo que Bungar le dedicó fue poco menos que una amenaza de muerte. Tokei sin parar de reírse dio un par de pasos hacia atrás.
- ¡Ven aquí que te voy a enseñar yo a reírte! - comenzó Bungar extendiendo las manos en claro gesto de extrangularle. Momento en el que percibió un movimiento de aire, se escuchó un “¡plaf!” y sintió un escozor en la nuca.
- ¡Bungar, compórtate!
Y fue cuando Tokei comenzó a reír de verdad.

- Vamos señora, no sea tan dura con él - dijo Tokei cuando por fin pudo recobrar la serenidad al tiempo que palmeaba el hombro de Bungar, que había preferido no decir nada más -. Quizás Bungar no venga a verla a menudo, pero es porque está cumpliendo con su deber.
- Ya lo se hijo, este grandullón tiene buen corazón a pesar de sus modales - al tiempo que volvía a pellizcarle una mejilla.
Entonces se agachó y tendió la mano hacia la pequeña que, para sorpresa de ambos, dejó que le acariciara la cabeza sin mostrar recelo.
- Y esta pequeñaja, ¿quién es?
Al volver a incorporarse fue cuando se percató de la nueva presencia en la plaza de unas tiendas de lona que el día antes no estaban, y se quedó pensativa unos instantes.

- Mmm, o mucho me equivoco o esas lonas llevan escrito tu nombre - le dijo a Bungar -. No se si es buena idea dormir por las noches al raso, sobre todo con una niña pequeña; ocurren cosas extrañas últimamente.
- No te preocupes Abuela - bajó un poco la voz por precaución a pesar de que no había nadie tan cerca como para escucharles en medio del ajetreo de la plaza -, estamos al tanto de la escoria que está poblando estos barrios desde hace algún tiempo. Y estamos dispuestos a evitar que sigan ocurriendo cosas extrañas.
- Entiendo, aunque realmente me temo que desgraciadamente las fechorías de esos mal nacidos ya no son cosas extrañas por aquí - se quedó pensando un momento -. Es peligroso, y se que no voy a poder persuadirte de que no te metas con ellos, pero ¿y la niña? ¿No estarás pensando...?
- No, tranquila señora - medió Tokei -, creo que precisamente por eso veníamos a verla.
Un gesto de Bungar confirmó las intenciones y otro, algo más disimulado, le indicó a la Abuela que quería hablar del tema con algo más de intimidad.

- Será mejor entonces que paséis, creo que dentro estaremos mejor - agarró la mano de la niña y entró en la casa.


X

Campamento base (III)

Sendos pellizcos en los mofletes fueron la bienvenida que le propinó la anciana a Bungar mientras éste, estupefacto, no conseguía zafarse.
- ¡Abuela!, por lo que más quieras. Que ya soy muy mayor para estas cosas
- ¿Mayor dices? ¡Pues bien poco que lo has sido hasta ahora! ¿No te da vergüenza no haber venido a verme en todo este tiempo? - le reprendió frunciendo el ceño.
- Pero es que... - intentó justificarse Bungar - he estado lejos, ocupado en algunos asuntos...
- Escusas, siempre escusas. Seguro que has estado de parranda con tus amiguetes y ni siquiera te has preocupado por esta pobre vieja.

- ¡Ja ja ja! - estalló en carcajadas Tokei cuando ya no pudo aguantar más. Jamás hubiese imaginado que un tipo tan imponente como Bungar podría encogerse de aquella forma ante la reprimenda de una anciana.
La mirada de soslayo que Bungar le dedicó fue poco menos que una amenaza de muerte. Tokei sin parar de reírse dio un par de pasos hacia atrás.
- ¡Ven aquí que te voy a enseñar yo a reírte! - comenzó Bungar extendiendo las manos en claro gesto de extrangularle. Momento en el que percibió un movimiento de aire, se escuchó un “¡plaf!” y sintió un escozor en la nuca.
- ¡Bungar, compórtate!
Y fue cuando Tokei comenzó a reír de verdad.

- Vamos señora, no sea tan dura con él - dijo Tokei cuando por fin pudo recobrar la serenidad al tiempo que palmeaba el hombro de Bungar, que había preferido no decir nada más -. Quizás Bungar no venga a verla a menudo, pero es porque está cumpliendo con su deber.
- Ya lo se hijo, este grandullón tiene buen corazón a pesar de sus modales - al tiempo que volvía a pellizcarle una mejilla.
Entonces se agachó y tendió la mano hacia la pequeña que, para sorpresa de ambos, dejó que le acariciara la cabeza sin mostrar recelo.
- Y esta pequeñaja, ¿quién es?
Al volver a incorporarse fue cuando se percató de la nueva presencia en la plaza de unas tiendas de lona que el día antes no estaban, y se quedó pensativa unos instantes.

- Mmm, o mucho me equivoco o esas lonas llevan escrito tu nombre - le dijo a Bungar -. No se si es buena idea dormir por las noches al raso, sobre todo con una niña pequeña; ocurren cosas extrañas últimamente.
- No te preocupes Abuela - bajó un poco la voz por precaución a pesar de que no había nadie tan cerca como para escucharles en medio del ajetreo de la plaza -, estamos al tanto de la escoria que está poblando estos barrios desde hace algún tiempo. Y estamos dispuestos a evitar que sigan ocurriendo cosas extrañas.
- Entiendo, aunque realmente me temo que desgraciadamente las fechorías de esos mal nacidos ya no son cosas extrañas por aquí - se quedó pensando un momento -. Es peligroso, y se que no voy a poder persuadirte de que no te metas con ellos, pero ¿y la niña? ¿No estarás pensando...?
- No, tranquila señora - medió Tokei -, creo que precisamente por eso veníamos a verla.
Un gesto de Bungar confirmó las intenciones y otro, algo más disimulado, le indicó a la Abuela que quería hablar del tema con algo más de intimidad.

- Será mejor entonces que paséis, creo que dentro estaremos mejor - agarró la mano de la niña y entró en la casa.